Monday, May 09, 2005

Héroes y Villanos

La vida moderna nos ha acostumbrado al modelo maniqueísta de Hollywood, según el cual existen inevitablemente dos bandos en toda pugna de poder: los héroes y los villanos. Vaqueros vs. Pieles Rojas, Nazis vs. Aliados, Comunistas vs. Macartistas.
En el santuario de los comics modernos vemos que indistintamente ambos (más los héroes que los villanos) recurren muchas veces al mecanismo de seguridad del anonimato, o mejor dicho del pseudonimato, de la máscara. Ahí tenemos a Batman y Superman por un lado, a Gatúbela y al Acertijo por otro. (La búsqueda de más ejemplos, o de modelos más antiguos y literarios, la dejamos como tarea para nuestros comentadores académicos, que no escatimarán esfuerzos para prodigarnos las bibliografías ad hoc.)

El punto es el siguiente: ¿alguien objeta que Batman mantenga en secreto su verdadera identidad? No. ¿Por qué? Porque para poder realizar su labor de profilaxia social, Batman necesita proteger su verdadera identidad, ya que de conocerse se pondría en riesgo no solo a sí mismo, sino también a sus seres queridos. Por la misma razón, los atracadores de un banco recurren al antifaz (toma nota, Eloy).

En el caso de The Achilles Cacho Corporation., queda a juicio de los lectores decidir si son héroes o villanos. Cualquiera sea el papel que se nos atribuya, será asumido a cabalidad. Para el caso concreto que nos ocupa, revelar nuestras identidades no cambiaría en nada la situación, ya que ser un completo desconocido, es lo mismo que ser anónimo.
¿Cuál sería la diferencia si los lectores supieran que Aquiles Cacho se llama, por decir, Juan Pérez, Pedro Soto, o Perico de los Palotes?

Conventilador ha tratado en este poco tiempo de vida de convertirse en un espacio de sana crítica cultural. No negamos haber cometido excesos; pero ¿quién no los comete?

Vargas Llosa, elogiando a Reagan y celebrando el ejemplo democrático de EEUU, ¿no se excede?
Bryce Echenique, dictando conferencias con 6 litros de cabernet sauvignon encima ¿no se excede?
¿No se exceden nuestras poetisas, al firmar esa carta abierta? (circuló hace pocos días; ya nos ocuparemos de ella y de la “réplica”.)
¿No se excedió Jáuregui al chorear un banco?
¿No se excede Santibáñez al computarse un referente de lo mejorcito de nuestra poesía?
¿No se excede Thays con su oportunismo y sobonería?
¿No son un exceso las inauguraciones en nuestras galerías de arte, con "polizontes" disforzados incluidos ?

El discurso cultural, al igual que el político, termina siendo, generalmente, un sirviente lameculos del poder. Los criterios de nuestros "líderes culturales" premian siempre al sobón, al acusete, al que no cuestiona nunca.
No tenemos nada personal contra los críticos, pero sí nos jode esa manera uniforme que tienen de reventarle cuetes a los artistas y escritores ya consagrados (y por lo tanto influyentes). Todo lo que escribe Vargas Llosa es lo máximo, cualquier comentario de Bryce es entrañable, Ampuero da una entrevista y es un cague de risa (¿Ampuero gracioso?). No jodan, pues.
Y después, aparecen las fotos en la sección de sociales de El Comercio, en las que the usual suspects departen amigablemente en coqueto coctelito.

Algunos de nuestros detractores nos piden que demos las caras. ¿Para qué? ¿Acaso las maniobras con las cuales se “baja” a alguien, o se le “levanta” en la prensa, no son absolutamente anónimas?
“Firma con tu nombre las huevadas que escribes y publícalas en un periódico” dice por ahí un anónimo comentarista. ¿Ese pelotudo realmente cree que alguien querría publicar estos textos en algún periódico? ¿Quiénes son ustedes finalmente, los lectores, para decirnos lo que tenemos que hacer?
Hemos sido bastante democráticos, al punto de permitir todo tipo de comentarios en el blog, incluso los anónimos. Haber dejado que nos insulten y haber dejado que se insulten: eso es verdadera democracia.
Si quienes conformamos Conventilador tuviéramos miedo de algunos de los mamarrachentos detractores que se han hecho los machitos en estos últimos días, hubiéramos hecho lo mismo que el Sr. Iván Thays: reconfigurar el blog, inmediatamente y suprimir la opción aceptar comentarios. En vez de eso, les hemos permitido bacanearse todo lo que han querido, durante una semana.
¿Qué pensaron ustedes? ¿Que Aquiles Cacho se había paralizado de miedo? ¿Que había muerto?

(Como señalamos en el post anterior, nos hemos visto obligados a suprimir momentáneamente la opción aceptar comentarios, por las razones ya indicadas. Primero aprendan mínimos modales, y luego la volveremos a activar.)

En momentos en los que una camarilla de huelepedos ha tomado el control casi total de los espacios de crítica en los medios masivos, el esfuerzo de quienes redactamos este libelo virtual debería ser aplaudido, ovacionado media hora y de pie.
Sabemos en el fondo de la simpatía con la que una mayoría de ustedes nos sigue, y eso nos da ánimos para seguir adelante.
En cuanto a los detractores, ¿qué ganan sabiendo quiénes somos? ¿tomar revancha? ¿decirnos nuestras verdades?
“Pero, si nadie te conoce, ¿qué más da?”, se preguntará alguno.
Respondemos: ¿qué más les da a ustedes?
Nosotros, siendo jóvenes, aspiramos a mantenernos en el riguroso análisis fenomenológico de nuestras costumbres culturosas. Y para ello, queremos ser aún más democráticos de lo que ya somos. Nos hemos propuesto aventajar en democracia al mismísimo Pericles.
¿Cómo?
Por medio de un Foro Virtual de Ventilación.En adelante, ustedes (sí, ustedes) tendrán la oportunidad de ventilar en este blog enviándonos colaboraciones, a las que únicamente se exigirá que tengan el espíritu de Conventilador. Pueden remitirlas a esta dirección: aquilescch@yahoo.com. Las más inspiradas, serán posteadas con nombre propio o pseudónimo, según la voluntad del remitente. Se aceptan textos e imágenes.

Todos juntos, ventilando mierda unidos de las manos, sacaremos adelante a la cultura peruana.