El desarreglo del Inca
Nada más necio que liquidar a un animal sin que haya una necesidad alimenticia, o una situación de autodefensa.
En Francia y Portugal el toro sobrevive a las corridas. En España e Hispanoamérica, el asistente a las corridas de toros encuentra refinadísima la conjunción de dos actos incompatibles: expresión artística y carnicería. Como decía Borges, tal vez haya valentía en el torero, pero ciertamente no la hay en el que aplaude.
Hace algunos días, para un episodio del programa “El desafío del Inca” degollaron a una llama. Por las huevas.
Y claro, la bestialidad se condena siempre y cuando no forme parte de nuestro libreto. En ese mismo canal de televisión, alguna vez se rasgaron las vestiduras al descubrir ciertos ejercicios de entrenamiento militar: para poder abatir a algún Predator chileno o ecuatoriano, la preparación de nuestros supercomandos culmina con la demolición de un perrito y la ingestión de sus entrañas.
En vez de plantearse situaciones de supervivencia tan ajenas a la realidad de nuestros tiempos –son harto remotas las probabilidades de perderse en lugares totalmente alejados de la civilización–, sería interesante ver cómo reacciona la teleaudiencia ante un reality show en el cual los participantes enfrentaran el reto de sobrevivir como lo hace el 50% de los habitantes de este país: en un asentamiento humano, sin protección policial, sin agua, luz y desagüe, teniendo que trabajar 10 horas al día (o más) por un sueldo de 400 soles.
Humboldt: “El grado de civilización de un pueblo se mide por el trato que da a sus animales.”
En Francia y Portugal el toro sobrevive a las corridas. En España e Hispanoamérica, el asistente a las corridas de toros encuentra refinadísima la conjunción de dos actos incompatibles: expresión artística y carnicería. Como decía Borges, tal vez haya valentía en el torero, pero ciertamente no la hay en el que aplaude.
Hace algunos días, para un episodio del programa “El desafío del Inca” degollaron a una llama. Por las huevas.
Y claro, la bestialidad se condena siempre y cuando no forme parte de nuestro libreto. En ese mismo canal de televisión, alguna vez se rasgaron las vestiduras al descubrir ciertos ejercicios de entrenamiento militar: para poder abatir a algún Predator chileno o ecuatoriano, la preparación de nuestros supercomandos culmina con la demolición de un perrito y la ingestión de sus entrañas.
En vez de plantearse situaciones de supervivencia tan ajenas a la realidad de nuestros tiempos –son harto remotas las probabilidades de perderse en lugares totalmente alejados de la civilización–, sería interesante ver cómo reacciona la teleaudiencia ante un reality show en el cual los participantes enfrentaran el reto de sobrevivir como lo hace el 50% de los habitantes de este país: en un asentamiento humano, sin protección policial, sin agua, luz y desagüe, teniendo que trabajar 10 horas al día (o más) por un sueldo de 400 soles.
Humboldt: “El grado de civilización de un pueblo se mide por el trato que da a sus animales.”


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